domingo, 21 de noviembre de 2010

* (NO)CREDO

No creo en Dios
ni padre todopoderoso,
ni más allá del cielo y de la tierra,
ni en el todo ni en la nada,
sea visible o invisible.

No creo en mí mismo
ni en Jesucristo,
nacido de su padre y de su madre,
quién sabe en qué siglo.

Dios es Dios según que Luz,
si lo quiero será verdadero,
inventado, no engendrado,
de la misma naturaleza de todo en lo que creo,
convertido en hecho.

Y por vosotros, los hombres,
por ti y por tu salvación;
baja del cielo,
y déjate de tanto Espíritu Santo y tanta Virgen,
¡hombre!,
que por su causa vives crucificado
desde tiempos de Poncio Pilatos;
padecerás y serás sepultado,
sin resucitar al tercer día
por mucho que digan las Escrituras.

No subirás al cielo
ni te sentarás a la derecha del Padre;
así que vive con gloria,
sin joder a vivos y muertos,
porque tu vida si tendrá fin.

Creo en el respeto mutuo,
en ser feliz y en vivir la vida,
me da igual quién sea el Padre,
el Hijo
o el Espíritu Santo
pero no creo en adoración ni gloria
a cualquiera que se le llame profeta.

No creo en Iglesias, en ninguna,
empresas,
hipócritas y apostólicas.

Confieso que no hay error más grave
que la invención de los pecados.
No espero la resurrección de los muertos
ni la vida en un mundo futuro.


Amén.

3 comentarios:

HenMex dijo...

la creencia en la no creencia ya es creencia.


una paradoja no?

barbqnk dijo...

muy acertado para las fechas a las que nos acercamos...bravo! Lo escribiré en una servilleta y cuando mi familia me pida bendecir la mesa, te leeré, =).

Jaime Ruiz dijo...

* Muchas gracias Bárbara, espero que le guste también a tu familia.

** Herminio, lamentablemente se piensa lo que dices como paradoja pero lo que dices lo creo y lo defiendo. El escepticismo religioso (por llamarlo de alguna manera) debe ser considerado una creencia más, que como cualquiera debe ser respetada y equiparada al resto en el marco de la "libertad religiosa" de la que tanto gusta hablar. Se piensa mucho en el respeto y en las ofensas hacia los que practican una religión, pero no tanto hacia los que no la practicamos, como si careciéramos de valores, normas morales y principios tan nobles como los de cualquier otro.