jueves, 15 de julio de 2010

* TESTIGOS

Naciste para ser ignorada, para morir sin rostro día tras día sin que nadie pueda brindarte de una voz que parase con ese infierno. Viniste al mundo y moriste víctima de la sin razón, torturada a la vista de todos los que miran hacia otro lado. Te tocó sufrir las consecuencias de nuestro propio fracaso, siendo tú la que vivió la impotencia de no poder hacer nada ante el salvajismo de esta humanidad enferma.

Muerta y desechable por nacer en el lugar equivocado, con tus llagas aún abiertas y sangrantes. Creíste en el Dios que no quiso oír tus lamentos, quizás el también culpe al contoneo tu falda.

Se te fue el maquillaje dando lugar al color de tu carne morena, golpeada. Te robaron el rostro y cercenaron tu cuerpo, fuiste un leve grito vacío y ahora no eres más que una cruz pintada de rosa, clavada en la arena del desierto, indiferente.

Que siga sonando tu llanto aunque nadie escuche, que se convierta en la soga de la que cuelguen las conciencias de los perros y buitres de Chihuahua. Que tu recuerdo siga ardiendo en el pecho de los miserables. Que sea el aroma de tu perfume con el que despierten cada mañana y que la culpa los agonice como buenamente pueda, sin piedad ni misericordia. Que el peso de tu alma enojada los vaya matando poco a poco, cómplices.

Que tu cuerpo mutilado perdure para que siga siendo testigo de lo inhumano del ser.