lunes, 28 de septiembre de 2009

LA IDENTIDAD EN CONFLICTO

Juan Manuel salía de trabajar y nos encontrábamos en algún lugar de la ciudad después de haberme pateado un minúsculo trozo del Distrito Federal a lo largo de toda la mañana. Faltaban solo unos días para las fiestas de la independencia y todo el país esperaba que se diera el gran grito, al partir del cual se comenzarán a recoger todos los adornos patrios y banderas que se guardarán para el año que viene. En el cual se cumplirán los doscientos años del fin de la dominación del caciquismo paternalista español, gran peso cultural todavía presente tanto en la “madre patria” como en aquellos lugares por donde pasaron y “culturizaron” a lo largo de la historia.

Tuve la suerte de que mi buen amigo chilango, por su posición, trabajo y conocimientos, supo darme pequeñas clases entre chelas y tacos, sobre el difícil y nublado panorama sociopolítico y económico del país. Mostrándome pequeños detalles clave que me ayudarían en mi intención de enterarme un poco lo que está ocurriendo en este país de contradicciones.


A paso tranquilo por la zona del Zócalo, se alzaba una enorme bandera nacional presidiendo la imponente Plaza de la Constitución, rodeada por los palacios coloniales en donde se ubican los centros de poderes políticos así como la catedral.
Es que cuando paso por aquí y veo la bandera, me dice Juan Manuel, me hierve la sangre y se me enchina la piel, ¿no te pasa a ti, güey? Verás Juan Manuel, le respondo despacio mientras voy eligiendo las palabras para hacerme entender, la verdad es que no, el tema de la bandera española y el orgullo patrio es bastante diferente en mi país, no sé como explicarlo pero para mí y para mucha gente, la bandera española no simboliza aquello con lo que nos sentimos identificados. Entonces… ¿no te identificas con la bandera de tu país? Me dijo un tanto extrañado. Es difícil de explicárlo Juan, para que me entiendas te diré que la primera vez que he sentido “algo” por la bandera rojigualda, ha sido ahora que estoy fuera de mi país, aún así, dudo que me veas algún día con una bandera española o que intente combinar los colores con mi ropa, accesorios y adornos como hacéis aquí. Nuestra conversación siguió por otros muchos temas en los que no faltaban las comparaciones y similitudes entre su país y el mío, pero continué pensando en el tema de la bandera con cierta envidia, de la sana, por no sentir lo que él cuando paso bajo la bandera que tengo impresa en mi pasaporte. En el fondo debe ser algo bonito.

Pasaron varios días en los que seguimos hablando del complicado panorama político y sociohistórico de mi país, dándole mi visión personal de la crisis ideológica e identitaria que tenemos en el Estado Español, tampoco ausente de contradicciones y cierto surrealismo.

Seguiré soñando en que algún día se me encoja el corazón cuando pase por la Plaza de Colón de Madrid y me emocione contemplando un trozo de tela, ojalá algún día se me escape alguna lágrima con un himno y espere impaciente la celebración de un día en el que todos mis paisanos, de norte a sur y de este a oeste, me saluden con orgullo y sin vergüenza con un “¡VIVA ESPAÑA!” o algo parecido mientras cuelgan la bandera en su balcón con una sonrisa. Ojalá algún día podamos sentirnos realmente orgullosos por alguna fase de nuestra propia historia.

Una lástima, ya que hasta que mi bandera no sea tricolor, ni mi 15 de septiembre un 14 de abril, dudo que me ocurra lo que a el. Mientras tanto, puedo seguir soñando, que para algo es gratis.

¿Y si la guerra civil española la hubieran ganado los buenos?



Gracias Juan, ¡Y que Viva México!

Salud y República

lunes, 21 de septiembre de 2009

EN EL NOMBRE DE DIO$

Esta mañana me he vuelto a despertar más temprano de lo necesario, otra vez. A veces bossa-nova, otras comienzan con ópera rock, incluso en ocasiones oigo algo de salsa. Y es que cuando a los asistentes de esta iglesia tan peculiar que tengo como vecina (pared con pared) les da por rezar, no queda alma en la cuadra que no quede al corriente de las plegarias de cada día.
Se trata del polémico grupo religioso llamado “Iglesia Universal del Reino de Dios”. Creado en Brasil pero ya muy presente en todo el continente latinoamericano, sin que sus críticas hayan impedido la expansión de la entidad por medio de sus miles de franquicias; mediante las cuales, dicen las malas lenguas, se dedican al fraude, engaño y chantaje emocional para cubrir sus únicos fines lucrativos. Nada nuevo…

El centro en concreto que tengo como vecino se llama “Pare de sufrir”, por si quedaba duda alguna de que tipo de creyentes pretenden como asistentes estos iluminados.


La cuestión es que se ha llegado hasta tal punto, que en este momento me la suda bastante (*me vale madre) el remedio o estrategia personal de cada uno para hacer de la rutina y del mundo algo más llevadero. Cada loco con su tema. Religión, bigorexia, drogas, sexo, cultura, pornografía, heavy metal, dietas, ecologismo, cine, marxismo, leer, escribir, comprar, vender, ciencia, blogs, operación triunfo, la política, masturbarción, hacerse socio del Madrid, zoofilia o la prensa del corazón… somos libres para elegir lo que queramos (o un poco de cada) para darle el sentido necesario a las estupideces que hacemos, decimos o pensamos cada día. Supongo que es algo natural el que busquemos aquello a lo que aferrarnos y que nos dé un punto fijo desde el que observar el transcurso de los acontecimientos, pero siempre mejor con un límite, como todo.

No les pretendo pedir que dejen de engañar a los crédulos con los supuestos “milagros-exprés”, con los que fácilmente logran beneficios millonarios. No les voy a insultar por aprovecharse de la ignorancia de los que asisten, que ante situaciones extremas acaban viendo aquí dentro su revelación divina. Tampoco voy a escupir a esos señores que vistiendo con chaqueta y corbata se creen menos impresentables de lo que realmente saben que son, por jugar con la desesperación y la falta de esperanzas de aquellos que necesitan alguna luz que les diga cómo lidiar con su vida.

Seguid esparciendo vuestra mierda divina por donde queráis, que ahora mismo no tengo ganas de meterme en la vida de nadie. Seguid prometiendo milagros o la vida eterna a los cegados que les tocó sufrir una vida plagada de obstáculos. Continuad alimentando vuestra ansia de control y poder sobre la plebe que os ruega y aclama. Por mi como si os tiráis por un puente u os rajáis las venas de un tajo pero por favor: bajad el puto volumen de los altavoces que todavía no son ni las ocho de la mañana y hoy no tengo nada que hacer.

Podéis ir en paz.