martes, 18 de agosto de 2009

CONVERSANDO CON MANUEL

Victima y victimario dependiendo de cómo se mire…culpable pero inocente en cierto modo. Aún así responsable y consciente de sus actos así como sus consecuencias.
Llegando ya casi a los setenta veranos, Manuel vive aún en una burbuja de rabia y resentimiento impropia, y no muy adecuada a su edad. Quince años de condena, ocho cumplidos y aún muy lejos de imaginarse o incluso de ilusionarse de su salida de prisión. Y todo por un fallo tonto, como me indicó expresamente el día en el que me contó su historia.

La mirada siempre cansada y perdida…como si siguiera teniendo la cabeza en otro sitio. Sus palabras reflejan cierto conformismo con la situación, ni optimismo ni pesimismo. Dejándose llevar por el presente hasta que llegue el momento de plantearse el que hacer con su vida.
Hace muchos años ya que no sabe nada de su familia, en el momento en que entró se quedó sin hijas y hermanos. Ni visitas, ni llamadas, ni cartas ni permisos…nadie le espera.
No mató a nadie a pesar de la larga condena que se le impuso, tampoco robó nada ni se trata de ningún desviado sexual. Con el paso de los años y por circunstancias de la vida (y un poco de su propia voluntad) acabó convirtiéndose en la mano derecha de uno de los narcotraficantes más importantes de México.

- Es lo malo de ser de “buena familia” estando en prisión –me dijo Manuel- que a pesar de todo lo que he hecho por ellos, de todo lo que les he dado cuando la cosa en México me iba bien…el que yo entre en la cárcel es una vergüenza para ellos, una mancha.

Al oír aquello no me costó mucho comprobar la razón que llevaba…veías como los internos gitanos, por ejemplo, soportaban con cierto optimismo la rutina de la prisión. Sea cual sea el delito que hayan cometido, todos y cada uno de ellos contaba con el apoyo y la impaciente espera de los suyos, de su familia.Mientras en las clases altas el estar preso supone una vergüenza para todo el círculo del interno, en las clases bajas se habla del preso como alguien que tiene problemas.

Los delitos por narcotráfico abundan en prisión. Iguales expedientes pero diferentes circunstancias…condenas contradictorias. El castigo no distingue entre gramos y toneladas, ni entre ambición y necesidad…grandes empresarios y “camellos” de parque en el mismo boquete. La conclusión que pude sacar es que importa un carajo la sustancia, la cantidad, la situación y las circunstancias…al final te tendrás que comer lo que el juez de turno le parezca adecuado para tu “rehabilitación” de conducta.

No quiero exculpar ni juzgar a los ya juzgados…pero no logro entender el supuesto camino desviado de muchos inculpados que conocí… ¿Dónde está el límite de la moralidad en cuanto al tráfico de drogas se refiere? ¿Cuál es esa “Salud Pública” a la que todos agreden? Existe una clara esquizofrenia legal en cuanto a temas de drogas, se hace apelo a la mera penalización sin reflexión crítica…es ilegal y punto pelota. Sin plantearse siquiera que mucho de este daño social que se atribuye al consumo de drogas, son resultados de las consecuencias de su penalización

Al final como bien me dijo Manuel, la única diferencia entre él y el que comercia con Jack Daniels o Marlboro, es que no paga impuestos.

1 comentario:

civilis dijo...

Estupenda reflexión. Sin lugar a dudas, vivir la cárcel de esa manera debe ser un drama terrible. Pero hay algo en lo que no estoy nada de acuerdo: que no mató a nadie. ¿Acaso sabe Manuel el destino de la droga con la que él traficó? ¿Le consta que esa droga noo hizo daño a nadie?
Bien cierto es que legalmente no se mide con el mismo rasero alcohol, tabaco y resto de drogas, siendo todo tan pernicioso, como dicen. Pero si hubiera abierto un estanco o una tienda de licores no habría ido a la cárcel (ni hubiera ganado tanto dinero).